Lunes 6 de Abril, 2026

Lunes de Pascua
El Camino de Emaús

Imagen devocional

Lee con calma esta breve reflexión, toma tus pausas y medita cómo puedes aplicarla a tu vida en este día. Lee la oración pausadamente y hazla tuya, agregando tus propias palabras para alabar, adorar, suplicar y pedir.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

"Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista. Se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"
— Lucas 24:31-32

💭 Reflexión

El día de la Resurrección, dos discípulos caminaban hacia Emaús con el corazón destrozado y los pies pesados. Habían perdido toda esperanza; cargaban el peso de una muerte que no comprendían y se alejaban de Jerusalén, de la comunidad, de lo que una vez los había llenado de ilusión. ¿Cuántas veces nos encontramos también nosotros caminando en la dirección equivocada, envueltos en la tristeza de lo que no salió como esperábamos, de las oraciones que parecen no ser escuchadas, de los sueños que quedaron enterrados?

Jesús se acercó y comenzó a caminar con ellos, pero sus ojos estaban impedidos para reconocerlo. Esta es una de las verdades más profundas del Evangelio: el Señor Resucitado sale a nuestro encuentro incluso cuando no lo buscamos, incluso cuando estamos huyendo. Él no espera que lleguemos a Él con todo listo y en orden; sale a caminar con nosotros en el desorden de nuestros propios caminos. Lo encontramos en la palabra que un amigo nos dice en el momento justo, en la paz inexplicable que llega en mitad de la angustia, en la belleza de una puesta de sol que de repente nos recuerda que hay algo más grande que nuestro dolor.

Cuando Jesús explicó las Escrituras de camino, sus corazones ardían. Esta es la experiencia de quien se deja interpelar por la Palabra de Dios con apertura y humildad: no es un texto antiguo y distante, sino la voz viva del Resucitado que habla directamente al corazón. En este Tiempo Pascual somos invitados a cultivar ese fuego interior, a volver a las Escrituras con ojos nuevos, conscientes de que es el mismo Señor quien nos habla en ellas.

Finalmente, lo reconocieron en la fracción del pan. La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro con el Resucitado. Como los discípulos de Emaús, también nosotros podemos tener los ojos cerrados muchas veces durante la Misa, distraídos, cansados. Pero Él está ahí, partiéndose por nosotros, entregándose completamente. Y después de ese encuentro, la reacción no puede ser quedarse quieto: hay que levantarse y volver a Jerusalén, volver a la comunidad, correr a compartir que el Señor está vivo y camina con nosotros.

🙏 Oración del Día

Señor Jesús Resucitado, cuántas veces he emprendido mi propio camino a Emaús, alejándome de ti con el corazón pesado y la esperanza casi apagada. Tú, que siempre sales a mi encuentro en los caminos de la vida, te pido hoy que abras mis ojos para reconocerte en tu Palabra, en la Eucaristía, en los rostros de mis hermanos y en las circunstancias ordinarias de mi día. Haz que mi corazón vuelva a arder con el fuego de tu amor pascual, para que ninguna tristeza, ningún fracaso ni ninguna duda puedan silenciar la certeza gozosa de que Tú vives y estás conmigo. Levántame de mis Emaús personales y hazme testigo de la Resurrección para todos los que me rodean. Que como aquellos dos discípulos, yo también me ponga en camino con urgencia y alegría para proclamar: ¡El Señor ha resucitado de verdad! ¡Ven oh Santo Espíritu! Amén.

✟ Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

🌹 Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Gloria al Padre, gloria al Hijo
y gloria al Espíritu Santo.
Como era en el principio, que sea ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.